Hace apenas unos días, una vez más, Nepal se enfrentaba a la devastación de una riada: al menos 165 personas fallecidas y aldeas enteras arrasadas por un muro de lodo y rocas . Pero esta historia no es nueva. Es la última de una larga serie de desastres que han golpeado el país en los últimos años. En septiembre de 2024, las lluvias monzónicas extremas dejaron 244 muertos y sumieron a Katmandú en el caos . En agosto de 2023, el pueblo de Kagbeni fue arrasado por una riada que, por poco, no se llevó vidas humanas, pero que dejó daños por valor de 7,4 millones de dólares y demostró la fragilidad de la región . La pregunta no es si volverá a ocurrir, sino cuándo, y con qué intensidad.
La causa de cada uno de estos desastres es única en sus detalles, pero todos comparten un denominador común: una combinación letal de factores geológicos, climáticos y humanos que se están intensificando a un ritmo alarmante.
2023: Kagbeni, el aviso que no se escuchó
El 13 de agosto de 2023, el pueblo de Kagbeni, en el norte del Himalaya nepalí, fue testigo de una riada que, aunque no causó víctimas mortales, sí fue un aviso de lo que estaba por venir . Un desprendimiento de tierra en una zona remota bloqueó el río Jhong Khola, creando un lago de corta duración. Cuando el dique natural colapsó, una ola de barro y rocas (con un volumen estimado de 647.000 metros cúbicos) bajó por el valle con una fuerza imparable, arrasando 29 casas, varios puentes y más de 25 cabezas de ganado .
La riada de Kagbeni fue poligenética, es decir, de origen múltiple . No hubo un único desencadenante, sino una compleja cascada de eventos: lluvias cada vez más intensas, un terreno extremadamente frágil (pizarras del Spiti), y una infraestructura humana que, lejos de proteger, amplificó la catástrofe . El puente de la carretera Upper Mustand Road actuó como un “cuello de botella”, y su colapso generó una onda de destrucción que empeoró el desastre aguas abajo . Además, los propios habitantes de Kagbeni contribuyeron a su vulnerabilidad al construir sus casas en las terrazas más bajas del río, invadiendo la llanura de inundación natural . A pesar del desastre, muchos han reconstruido sus hogares en el mismo lugar, ignorando el riesgo .
2024: El monzón que rompió récords
Un año después, la naturaleza golpeó con mucha más fuerza. Entre el 26 y el 28 de septiembre de 2024, una precipitación extrema azotó Nepal, especialmente la capital, Katmandú . En 24 horas, cayeron 323,5 milímetros de lluvia, la mayor cantidad registrada en más de 50 años .
El resultado fue devastador. Ríos como el Bagmati, el Sapakoshi y el Narayani se desbordaron, provocando inundaciones y deslizamientos de tierra que arrasaron barrios enteros . 244 personas perdieron la vida, 19 carreteras principales quedaron dañadas y todas las vías de salida de Katmandú quedaron bloqueadas . Fue la peor inundación que el país había sufrido en décadas.
2026: La riada “sin lluvia”
El último capítulo de esta tragedia, el desastre de 2026, añade un nuevo y preocupante elemento. Lo más inquietante es que esta riada ocurrió sin una gota de lluvia previa . El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) confirmó que el origen de la catástrofe no fue un terremoto, como se pensó inicialmente, sino el colapso de un glaciar (una avalancha de hielo y rocas) que bloqueó un río y provocó una inundación por desbordamiento violento de un lago glaciar (GLOF) .
Este tipo de evento es una de las señales más claras del cambio climático . Como explica Dorothy Heinrich, investigadora de la Universidad de Reading, en el Himalaya hay “una alta confianza en la tendencia hacia más olas de calor, retroceso de glaciares y reducción del permafrost, que son factores que impulsan deslizamientos de tierra e inundaciones por desbordamiento de lagos glaciares” . Según Qianggong Zhang, del Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de Montañas (ICIMOD), todavía existe el riesgo de una segunda inundación debido a un bloqueo que persiste aguas arriba .
La ciencia es clara: el cambio climático es el hilo conductor
Lo que une estos tres eventos es el papel del cambio climático. En el desastre de 2024, un estudio de atribución de World Weather Attribution demostró que el cambio climático hizo que las lluvias extremas fueran un 70% más probables y un 10% más intensas . Si el mundo no deja de quemar combustibles fósiles, estos eventos serán aún más violentos . El calentamiento global está acelerando el retroceso de los glaciares, creando más lagos susceptibles de desbordarse (GLOFs). También está desplazando la línea de nieve, provocando lluvias en zonas donde antes nevaba, un factor clave en el desastre de Kagbeni .
El factor humano: urbanización y deforestación
Pero el cambio climático no actúa solo. La mano del hombre ha contribuido a empeorar los efectos de estos fenómenos. La rápida urbanización de Katmandú, con un aumento del 386% en áreas construidas entre 1990 y 2020, ha reducido la capacidad del suelo para absorber agua, aumentando la escorrentía y saturando los sistemas de drenaje . La deforestación ha tenido un efecto similar: la cubierta forestal en el valle de Katmandú se redujo un 28% entre 1989 y 2019 .
Los científicos señalan que, aunque la precipitación extrema fue el detonante principal, la expansión descontrolada de la ciudad sobre las llanuras aluviales y la falta de planificación urbana convirtieron un fenómeno natural en una tragedia humana .
Lecciones para el futuro
La secuencia de desastres en Nepal deja lecciones claras para la gestión del riesgo en cualquier región montañosa del mundo.
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Evitar la ocupación de las llanuras de inundación: El estudio científico del caso de Kagbeni propone aplicar el concepto de “Espacio de Libertad para los Ríos” (Freedom Space for Rivers) para evitar que la actividad humana invada las zonas que, por definición, son propensas a inundaciones .
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Diseñar infraestructuras que no amplifiquen los desastres: Puentes y carreteras deben ser construidos considerando no solo su uso cotidiano, sino también el escenario de una riada extrema. Una gestión deficiente de estas infraestructuras puede transformar un desastre natural en una catástrofe humana .
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Reconocer los límites de los sistemas de alerta: Como señaló el hidrólogo Hatim Sharif, el hecho de que no lloviera antes de la riada de 2026 significa que “prácticamente todos los sistemas de alerta de inundaciones del mundo” son inútiles en estos casos . La prevención debe ir más allá de la meteorología.
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Implementar políticas nacionales de reducción de riesgos: Es necesario pasar de la respuesta reactiva a la prevención proactiva, con sistemas de monitoreo, planes de ordenación territorial y educación a la población
Este artículo fue elaborado con asistencia de inteligencia artificial y revisado y verificado por el equipo editorial de ViralMente antes de su publicación.


